Quiero a mi pareja pero no me apetece tener sexo: ¿por qué?

quiero a mi pareja pero no me apetece tener sexo
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Puedes querer a tu pareja, sentir cariño, admiración, confianza e incluso seguir considerándola atractiva y, aun así, notar que no te apetece tener sexo con ella. Llegados a este punto, enfoca como un acto de valentía el hecho de estar haciendo esta búsqueda de explicaciones y planteando la posibilidad de acudir a una sexóloga en Madrid.

Cuando ocurre, es frecuente que aparezcan pensamientos como estos:

  • ¿Ya no estoy enamorada o enamorado?
  • ¿Significa que nuestra relación se ha acabado?
  • ¿Por qué puedo sentir deseo en otras situaciones pero con mi pareja no?
  • ¿Tengo un problema sexual?

La respuesta no es necesariamente ninguna de esas.

El amor, la atracción y el deseo sexual están relacionados, pero no son exactamente lo mismo. El deseo puede cambiar a lo largo de una relación y verse afectado por factores personales, sexuales, emocionales, físicos y por la propia dinámica de la pareja.

De hecho, las diferencias de deseo entre miembros de una pareja son frecuentes y solo se convierten necesariamente en un problema cuando generan malestar, conflicto o deterioro de la relación. La investigación reciente sigue señalando la discrepancia de deseo como uno de los motivos habituales de dificultad sexual dentro de las relaciones estables.

Por eso, antes de interpretar la falta de deseo como una señal de que ya no quieres a tu pareja, conviene entender qué está ocurriendo alrededor de ese deseo.

Querer a alguien no obliga a desearlo siempre

Una de las ideas que más ansiedad genera en consulta es pensar: “Si realmente quisiera a mi pareja, tendría ganas de acostarme con ella”.

Pero las relaciones no funcionan así.

Durante los primeros meses de una relación suelen coincidir muchos elementos que favorecen el deseo: novedad, incertidumbre, descubrimiento, anticipación, fantasía, mayor atención hacia la otra persona y menos rutina.

Con los años pueden aparecer otros componentes muy valiosos:

  • Seguridad
  • Intimidad
  • Confianza
  • Estabilidad
  • Convivencia
  • Proyectos compartidos
  • Familia

El problema es que lo que favorece la seguridad emocional no siempre genera automáticamente excitación sexual.

Puedes encontrarte estupendamente con una persona, disfrutar de vuestra vida juntos y tener una relación afectivamente sólida mientras vuestra sexualidad se ha ido desplazando a un segundo plano.

Eso no permite concluir por sí solo que la relación esté mal. La pregunta relevante es qué ha ocurrido con vuestro espacio erótico.

Marta IBÁÑEZ
Psicóloga especializada en terapia sexual y de pareja
marta ibañez

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“No tengo ganas antes de empezar, pero luego disfruto”

Esta frase es especialmente importante.

Hay personas que esperan sentir deseo de una forma muy concreta: primero me apetece y después busco el encuentro sexual.

Ese es el llamado deseo espontáneo.

Pero no es la única forma en la que puede aparecer el deseo.

En algunas personas y en determinados momentos de una relación, el interés sexual puede surgir después de que haya empezado un contexto agradable de intimidad, contacto, estimulación o conexión.

Esto suele denominarse deseo responsivo.

Por ejemplo, quizá no estabas pensando en sexo. Empiezas a besar a tu pareja sin una expectativa determinada, te sientes cómoda o cómodo, aparece excitación y entonces surge el deseo de continuar.

Esto no significa que haya que iniciar relaciones sexuales sin querer ni acceder para satisfacer a la otra persona. Significa que no siempre necesitamos sentir un deseo intenso de antemano para que después pueda aparecer el interés sexual.

“Antes me apetecía mucho y ahora casi nunca”

También es una consulta muy habitual.

Aquí interesa mirar qué ha cambiado, no únicamente en vuestra vida sexual, sino en vuestra vida en general.

Estrés y cansancio

Es difícil que el cerebro cambie automáticamente del modo trabajo, niños, problemas, obligaciones, móvil y tareas pendientes al modo intimidad, excitación y erotismo.

Cuando vivimos constantemente pendientes de obligaciones puede quedar muy poco espacio mental para el deseo.

Falta de tiempo realmente compartido

Convivir no significa necesariamente conectar.

Una pareja puede pasar cinco horas diarias en la misma casa y apenas compartir momentos que no estén relacionados con:

  • Logística
  • Hijos
  • Compras
  • Tareas
  • Dinero
  • Trabajo

En estas circunstancias es posible mantener una relación funcional pero perder progresivamente el espacio de pareja.

Rutina sexual

Si sabes exactamente cómo va a empezar, qué va a ocurrir después, cuánto va a durar y cómo va a terminar, el encuentro sexual puede dejar de generar curiosidad.

La rutina no es necesariamente mala. El problema aparece cuando deja de existir cualquier posibilidad de exploración, sorpresa o juego.

Conflictos acumulados

También es difícil desear a alguien hacia quien sentimos:

  • Enfado
  • Frustración
  • Resentimiento
  • Falta de reconocimiento
  • Distancia emocional

A veces la falta de deseo no empieza en el dormitorio. Empieza en pequeñas experiencias de la relación que se van acumulando fuera de él.

“Me atrae mi pareja, pero no quiero acostarme con ella”

También puede ocurrir.

Puedes seguir viendo atractiva a tu pareja y no experimentar interés por mantener relaciones sexuales.

Porque la atracción física tampoco es exactamente igual al deseo.

Puedes pensar que te sigue pareciendo guapísima o guapísimo, que te gusta cuando se arregla, que te encanta abrazarle o que disfrutas besándole y, aun así, no aparecer la motivación para pasar a un encuentro sexual.

En ese caso conviene explorar otras preguntas:

  • ¿Cómo son actualmente vuestros encuentros sexuales?
  • ¿Te resultan satisfactorios?
  • ¿Hay prácticas que haces principalmente por complacer?
  • ¿Sientes presión para llegar al orgasmo o mantener la excitación?
  • ¿Puedes decir lo que te gusta y lo que no?
  • ¿Hay espacio para parar sin que se genere un conflicto?
  • ¿Esperas que cualquier gesto de cariño acabe necesariamente en sexo?

A veces el problema no es que una persona haya perdido su capacidad de desear. Es que el sexo que anticipa no le resulta suficientemente deseable.

Y esa diferencia es fundamental.

Cuando cada abrazo parece una invitación sexual

Esta dinámica aparece con frecuencia cuando existe una diferencia importante de deseo.

La persona que tiene más deseo busca besos, caricias, abrazos o contacto físico. La persona que tiene menos deseo empieza a interpretar esos acercamientos como “otra vez quiere sexo”.

Entonces comienza a evitarlos.

Se retira antes, da menos besos, evita acostarse al mismo tiempo o se mantiene distante en el sofá.

La pareja que desea más sexo percibe esta distancia y aumenta sus intentos de acercamiento.

Así puede aparecer un círculo muy difícil de romper:

Más insistencia → más presión → menos deseo → más rechazo → más frustración → más insistencia

El problema ya no es únicamente la diferencia de deseo. El problema es la dinámica que se ha creado alrededor de esa diferencia.

Tener sexo para que tu pareja no se enfade puede reducir todavía más el deseo

Muchas personas empiezan a mantener relaciones sexuales por motivos como estos:

  • Hace mucho que no lo hacemos
  • No quiero que piense que no le quiero
  • Sé que se va a enfadar
  • Así dejamos de discutir por esto
  • Me sabe mal decirle otra vez que no

Puede parecer una solución a corto plazo.

Pero si se convierte en algo habitual, el sexo puede empezar a asociarse con obligación, culpa, tensión, negociación o miedo al conflicto.

Y es difícil que algo asociado a la obligación genere deseo.

Recuperar la sexualidad de una pareja no consiste en convencer a la persona con menos deseo de tener más relaciones.

“Mi pareja me pregunta constantemente qué me pasa”

Esta preocupación es comprensible.

La persona que recibe varios rechazos puede empezar a pensar que ya no atrae a su pareja, que ya no la quieren o que existe otra persona.

Y comienza a pedir explicaciones.

Pero quien tiene menos deseo quizá tampoco sepa responder.

No necesariamente existe una causa única. Puede ser la suma de estrés, cansancio, rutina, problemas sexuales, presión, cambios corporales, preocupaciones, medicación, conflictos, falta de conexión, experiencias anteriores, cambios hormonales, miedo al dolor o dificultades sexuales.

A veces buscar desesperadamente “la causa” genera todavía más presión.

En terapia sexual suele ser más útil comprender qué factores están facilitando el deseo y cuáles lo están frenando actualmente.

“Me apetece masturbarme, pero no tener sexo con mi pareja”

Esto también puede generar mucha culpa.

La persona piensa: “Entonces sí tengo deseo. Lo que ocurre es que no deseo a mi pareja”.

No necesariamente.

La masturbación y el sexo compartido son experiencias distintas.

Cuando te masturbas puedes controlar:

  • El momento
  • La duración
  • El tipo de estimulación
  • La intensidad
  • Cuándo parar
  • Si quieres llegar al orgasmo
  • Qué fantasías utilizar

No existe preocupación por satisfacer a otra persona ni por interpretar sus reacciones.

En una relación sexual, en cambio, pueden aparecer expectativas, inseguridad, presión, comunicación, miedo al rechazo, problemas de pareja o preocupación por el rendimiento.

Que exista deseo masturbatorio demuestra que existe capacidad de excitación sexual, pero no explica por sí solo qué está ocurriendo dentro de la relación.

“Me atraen otras personas pero mi pareja no me despierta deseo”

Este suele ser el escenario que más inquietud provoca.

Parece demostrar que el deseo funciona, pero ya no funciona con la pareja.

Puede ser una posibilidad, pero tampoco permite sacar inmediatamente esa conclusión.

Las personas nuevas tienen un elemento que tu relación estable no puede reproducir exactamente: son nuevas.

No están asociadas a tareas domésticas, discusiones, responsabilidades, facturas, educación de los hijos, recuerdos de rechazos sexuales o conflictos anteriores.

Con una persona desconocida existe además un enorme espacio para la fantasía.

No sabemos cómo sería convivir con ella, cómo sería vuestra sexualidad después de siete años o cómo serían sus defectos.

Gran parte de lo que sentimos pertenece todavía a nuestra imaginación.

Por eso notar atracción hacia otras personas dentro de una relación estable no demuestra automáticamente que hayas dejado de amar o desear definitivamente a tu pareja.

Sí puede ser una señal útil para preguntarnos qué elementos activan nuestro deseo fuera de la relación y cuáles han desaparecido dentro.

¿Puede influir que el sexo no sea satisfactorio?

Muchísimo.

Si durante meses o años las relaciones sexuales resultan aburridas, incómodas, dolorosas, excesivamente centradas en penetración, demasiado rápidas, poco estimulantes, predecibles o frustrantes, es lógico que disminuya la motivación para repetirlas.

Esto puede suceder incluso cuando queremos mucho a nuestra pareja.

El deseo no depende únicamente de nuestros sentimientos hacia una persona. También depende de cómo anticipamos la experiencia sexual que vamos a vivir con ella.

Una pregunta muy útil puede ser esta:

Si supieras que el próximo encuentro sexual va a ser exactamente igual que los últimos diez, ¿te apetecería?

Si la respuesta es claramente no, quizá convenga analizar el tipo de sexualidad que habéis construido y no únicamente preguntarte dónde está tu libido.

¿Y si el problema apareció de repente?

Cuando existe un cambio brusco del deseo conviene mirar también factores físicos y médicos.

Entre otras posibilidades pueden influir:

  • Determinados medicamentos
  • Cambios hormonales
  • Embarazo y posparto
  • Menopausia
  • Enfermedades
  • Dolor
  • Alteraciones del sueño
  • Cansancio intenso
  • Consumo de sustancias
  • Cambios emocionales importantes

Una sexóloga o psicóloga puede trabajar sobre los factores psicológicos y relacionales, pero no todo cambio del deseo debe atribuirse automáticamente a la pareja o a la psicología.

Cuando existe un cambio importante, dolor u otros síntomas físicos también puede ser recomendable consultar al profesional sanitario correspondiente.

¿Cómo saber si se trata de una diferencia normal de deseo o existe un problema?

No existe una frecuencia sexual que determine que una pareja funciona correctamente.

Una pareja puede mantener relaciones una vez al mes y estar perfectamente satisfecha.

Otra puede mantenerlas semanalmente y vivir un conflicto importante porque uno de sus miembros querría una frecuencia mucho mayor.

El problema no es simplemente la cantidad.

Conviene preguntarse:

  • ¿Os genera sufrimiento?
  • ¿Produce discusiones frecuentes?
  • ¿Uno se siente rechazado y el otro presionado?
  • ¿Habéis dejado de tener cualquier tipo de intimidad por miedo a que termine en sexo?
  • ¿La sexualidad se ha convertido en una obligación?
  • ¿Lleváis mucho tiempo intentando resolverlo y cada vez estáis más distantes?

La discrepancia de deseo es especialmente relevante cuando produce malestar en uno o ambos miembros de la pareja, no simplemente porque exista una diferencia.

Marta IBÁÑEZ
Psicóloga especializada en terapia sexual y de pareja
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¿Qué podéis hacer si quieres a tu pareja pero no te apetece tener sexo?

El primer paso no debería ser obligarte a tener más relaciones.

Conviene intentar comprender qué está ocurriendo.

Hablar sin convertir la conversación en una acusación

No es lo mismo decir “ya nunca quieres hacerlo” que decir “me preocupa que nuestra intimidad haya cambiado y me gustaría entender cómo lo estamos viviendo los dos”.

El objetivo no debería ser conseguir inmediatamente más sexo. Debería ser poder hablar de sexualidad sin entrar automáticamente en un conflicto.

Separar afecto y obligación sexual

Es importante poder volver a abrazarse, acariciarse, besarse, darse masajes o tumbarse juntos sin que todo tenga necesariamente que terminar en penetración o en una relación sexual completa.

Cuando cualquier contacto físico se convierte en una expectativa sexual, la persona con menor deseo puede acabar evitando incluso el cariño.

Revisar cómo son realmente las relaciones sexuales

No únicamente cuántas veces ocurren.

Pregúntate qué disfruta cada uno, qué se hace por inercia, qué falta, si existe presión, si hay espacio para probar otras cosas y si podéis comunicar lo que os excita.

Crear condiciones donde pueda aparecer el deseo

Si esperamos que el deseo surja mágicamente a las once y media de la noche después de un día agotador, quizá el problema no sea nuestra libido.

Para algunas parejas resulta útil recuperar espacios en los que exista tiempo, privacidad, conexión, curiosidad, intimidad y ausencia de presión.

No se trata de programar obligatoriamente “tener sexo el sábado”. Puede tratarse de reservar espacio para ser pareja, dejando abierto qué sucede después.

¿Cuándo puede ayudar la terapia sexual o de pareja?

Puede ser útil acudir a terapia sexual cuando la situación ha creado un patrón que ya resulta difícil romper solos.

Por ejemplo:

  • Uno insiste y el otro evita
  • Uno se siente rechazado y el otro presionado
  • Cada conversación termina en discusión
  • Se mantienen relaciones por obligación
  • Hay deseo individual pero ha desaparecido dentro de la pareja
  • Existen dificultades sexuales que están interfiriendo
  • La sexualidad se ha convertido en una fuente constante de ansiedad

La terapia no tiene como objetivo establecer cuántas veces debería tener sexo una pareja.

El objetivo es comprender qué está pasando entre vosotros y encontrar una sexualidad que pueda ser satisfactoria y libre para ambos.

En consulta de psicología y sexología trabajo precisamente con parejas y personas que se encuentran en esta situación: quieren a su pareja, pero sienten que algo ha cambiado en su deseo y no saben interpretar qué significa ni cómo recuperarlo.

No siempre perder deseo significa perder el amor. Pero sí puede ser una oportunidad para escuchar qué está ocurriendo en vuestra relación, en vuestra sexualidad y en vosotros mismos.

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