¿Es normal no tener sexo en pareja? Cuándo es un problema y cuándo no

¿Es normal no tener sexo en pareja?
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Una pareja puede pasar semanas o meses sin mantener relaciones sexuales y seguir teniendo una relación satisfactoria.

También puede tener sexo todas las semanas y vivir una situación sexual muy problemática.

Por eso, si te preguntas “¿es normal que mi pareja y yo apenas tengamos sexo?”, la frecuencia por sí sola no permite responder.

La pregunta más importante es otra:

¿La falta de sexo os preocupa, genera malestar o está creando distancia entre vosotros?

No existe una cantidad de relaciones sexuales semanal o mensual que todas las parejas deban cumplir. Las personas tienen niveles de deseo diferentes y estos además cambian con la edad, el estrés, la convivencia, las circunstancias personales y la etapa de la relación.

La diferencia de deseo dentro de las parejas es frecuente y puede existir sin que haya ningún trastorno. Se convierte especialmente en un problema cuando genera sufrimiento, conflicto o insatisfacción para uno o ambos miembros.

Por eso tener poco sexo no significa necesariamente tener un problema de pareja. Pero tampoco conviene ignorarlo cuando alguno de los dos lo está viviendo mal.

¿Cuántas veces es normal tener sexo en pareja?

Es probablemente la primera pregunta que aparece.

¿Una vez por semana? ¿Dos? ¿Una vez al mes?

Buscar una cifra puede transmitir tranquilidad momentánea, pero sirve de poco para evaluar una relación concreta.

Imaginemos dos parejas.

Pareja A

Mantiene relaciones sexuales aproximadamente una vez al mes. Los dos están satisfechos, disfrutan cuando sucede, ninguno necesita una frecuencia mayor y existe afecto, contacto físico e intimidad.

¿Existe un problema porque otras parejas tengan sexo más veces?

No.

Pareja B

Mantiene relaciones sexuales una vez por semana.

Una persona desearía hacerlo cuatro veces. La otra preferiría una vez al mes.

Una vive cada semana varios rechazos y la otra siente que tiene que acceder para evitar discusiones.

Aquí tenemos una dificultad significativa aunque estadísticamente la pareja pueda estar teniendo “bastante sexo”.

El problema no lo determina el número. Lo determina cómo viven ambos esa diferencia.

“Llevamos tres meses sin sexo”: ¿debería preocuparnos?

Depende de por qué.

Una pareja puede pasar tres meses sin relaciones debido a:

  • Embarazo
  • Posparto
  • Enfermedad
  • Una operación
  • Estrés laboral
  • Duelo
  • Dificultades familiares
  • Medicación
  • Vivir temporalmente separados
  • Problemas físicos
  • Una etapa de agotamiento

Si ambos entienden la situación y no existe un conflicto alrededor de ella, ese período no indica necesariamente que la relación tenga un problema.

El escenario es distinto cuando lleváis tres meses sin sexo y uno de los dos intenta acercarse constantemente, el otro evita cualquier contacto, no podéis hablar del tema, existen discusiones frecuentes o ambos querríais recuperar la sexualidad pero no conseguís hacerlo.

Aquí la duración importa menos que la dinámica que se ha creado alrededor de la falta de sexo.

¿Una pareja puede funcionar bien sin sexo?

Sí.

Existen parejas con muy poco interés sexual o sin relaciones sexuales que están satisfechas con ese modelo.

Si las dos personas desean lo mismo, no hay ninguna obligación de mantener una determinada frecuencia sexual para que la relación sea válida.

La dificultad aparece cuando existe discrepancia.

Por ejemplo:

“Para mí no tener sexo no supone ningún problema, pero para mi pareja sí.”

Entonces ya no estamos intentando determinar cuál de los dos tiene razón. Tenemos dos necesidades diferentes que necesitan ser escuchadas.

Cuando uno está bien sin sexo y el otro no

Este probablemente sea el escenario más habitual en terapia.

Una persona piensa: “Podríamos estar perfectamente sin hacerlo”.

La otra piensa: “Sin sexo siento que somos compañeros de piso”.

Ninguna de las dos experiencias es necesariamente incorrecta.

Para algunas personas, la sexualidad tiene un peso muy importante en:

  • Sentirse deseadas
  • Conectar emocionalmente
  • Expresar cariño
  • Mantener intimidad
  • Sentirse pareja

Para otras puede tener una importancia menor o existir otras formas de conexión que consideran igualmente significativas.

El conflicto aparece cuando interpretamos la necesidad del otro como una agresión.

La persona con más deseo puede pensar: “Si me quisiera, tendría ganas”.

La persona con menos deseo puede pensar: “Si me quisiera, dejaría de presionarme”.

Y poco a poco el sexo deja de ser algo compartido para convertirse en un campo de negociación. Es habitual plantearse la preocupación de querer a tu pareja pero no sentir ganas de tener sexo.

¿Por qué las parejas dejan de tener sexo?

No existe una causa única. En ocasiones se combinan varias.

Estrés y falta de energía

El deseo sexual no existe al margen del resto de nuestra vida.

Problemas laborales, niños, falta de sueño, responsabilidades, cuidados familiares o preocupaciones económicas pueden ocupar gran parte de nuestros recursos mentales.

No siempre existe espacio psicológico para pasar de las obligaciones al erotismo.

Rutina

Después de años juntos, muchas parejas conocen perfectamente el guion sexual: un beso, unas caricias, penetración, orgasmo y fin.

La familiaridad puede aportar seguridad, pero si no existe ninguna exploración puede disminuir el interés.

Diferencias de deseo

Uno quiere mantener relaciones con más frecuencia que el otro.

Esta diferencia inicialmente puede ser pequeña. El problema aparece cuando se convierte en una batalla.

Conflictos fuera del dormitorio

Es difícil sentirse sexualmente cerca de alguien cuando llevamos semanas sintiéndonos ignorados, enfadados, poco valorados, solos o cansados de asumir responsabilidades.

Los problemas sexuales a veces son una expresión de problemas relacionales que están ocurriendo en otros espacios.

Dificultades sexuales

Una persona puede empezar a evitar el sexo porque existe:

  • Dolor
  • Dificultad de erección
  • Eyaculación rápida
  • Dificultad para alcanzar el orgasmo
  • Miedo a no excitarse
  • Inseguridad corporal
  • Ansiedad de rendimiento

Si cada encuentro genera preocupación, es comprensible que empiecen a disminuir las ganas de repetirlo.

Presión

Cuando una persona siente que debería tener deseo, el propio sexo puede convertirse en un examen.

Puede empezar a pensar: “A ver si hoy me apetece”, “a ver si consigo excitarme” o “a ver si mi pareja nota que no tengo ganas”.

Este estado de vigilancia puede dificultar todavía más el deseo.

Marta IBÁÑEZ
Psicóloga especializada en terapia sexual y de pareja
marta ibañez

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¿Es normal que el sexo disminuya con los años?

Es habitual que cambie.

Eso no significa que todas las relaciones largas estén condenadas a perder su sexualidad.

Pero las condiciones del inicio de una relación son diferentes de las que existen después de diez años.

Al principio suele haber más novedad, incertidumbre, descubrimiento, anticipación, fantasía y menos responsabilidades compartidas.

Con el tiempo aparecen convivencia, rutinas, obligaciones, responsabilidades, confianza y previsibilidad.

La sexualidad de una pareja estable necesita muchas veces construirse de manera más intencional.

Esperar que funcione exactamente como durante los primeros seis meses puede generar frustración.

¿Y si no echamos de menos el sexo?

Entonces puede que no exista ningún problema.

Es importante decirlo claramente.

No es obligatorio querer recuperar una frecuencia sexual determinada simplemente porque socialmente parezca que una pareja debería tener más sexo.

Si ambos estáis satisfechos, existe intimidad, estáis de acuerdo, ninguno siente que esté renunciando a algo importante y no existe malestar, no necesitamos convertir vuestra sexualidad en un problema.

La terapia sexual no debería utilizarse para imponer una norma sobre cómo tiene que funcionar una pareja.

¿Cómo saber cuándo la falta de sexo sí está siendo un problema?

Hay algunas señales especialmente relevantes.

Uno de los dos está sufriendo

Quizá se siente rechazado, poco atractivo, poco querido, frustrado o solo.

O quizá la persona con menos deseo está viviendo culpa, obligación, ansiedad o presión.

Cuando existe sufrimiento, merece la pena prestarle atención.

Ya no podéis hablar del tema

Cada intento de conversación termina con frases como “siempre estamos con lo mismo”, “solo piensas en sexo”, “tú nunca quieres” o “ya estamos otra vez”.

En ese momento el conflicto probablemente ya no es únicamente sexual. También existe un problema de comunicación alrededor de la sexualidad.

Evitáis el contacto físico

Esta señal es muy frecuente.

La persona con menor deseo deja de abrazar, besar, acariciar o tumbarse cerca porque teme que cualquier contacto sea interpretado como una invitación sexual.

Como consecuencia desaparece también la intimidad no sexual.

Uno mantiene relaciones por obligación

Tener sexo para evitar que la pareja se enfade, se ponga triste, sospeche o insista puede aliviar temporalmente el conflicto, pero suele empeorar el problema a medio plazo.

Responder a los deseos de nuestra pareja puede formar parte del cuidado mutuo, pero cuando supone ignorar sistemáticamente los propios límites puede tener costes para el bienestar y para la relación sexual.

Habéis dejado de ser pareja también fuera del sexo

No hay citas, no conversáis, no existe complicidad y solo habláis sobre casa, hijos y responsabilidades.

En este caso la falta de sexo quizá sea una parte de una desconexión más amplia.

En cualquiera de estos supuestos es recomendable pedir cita con una sexóloga para llevar a cabo una terapia individual o una terapia de pareja.

“Mi pareja nunca inicia sexo”

Otra consulta muy frecuente.

Para algunas personas, que su pareja nunca inicie significa “no me desea”.

Pero hay varios motivos posibles.

Puede existir menor deseo espontáneo, miedo a ser rechazado, dificultad para reconocer el propio deseo, vergüenza, inseguridad corporal, un patrón adquirido durante años o deseo responsivo.

Una persona puede disfrutar enormemente del sexo y, sin embargo, iniciar muy pocas veces.

Por eso conviene no convertir automáticamente la iniciativa en una medida objetiva del deseo.

“Siempre soy yo quien recibe el rechazo”

Esto sí puede terminar siendo doloroso, especialmente si nadie explica qué está ocurriendo.

Con el tiempo pueden aparecer pensamientos como “ya no le atraigo”, “algo va mal conmigo” o “no vuelvo a intentarlo”.

Y entonces la persona empieza también a retirarse afectivamente.

La solución no consiste en que quien tiene menos deseo acepte relaciones sexuales que no quiere.

Pero sí conviene poder hablar de cómo está viviendo cada uno la situación.

¿Tener menos sexo significa que ya no somos pareja?

No necesariamente.

Pero entiendo por qué algunas personas lo sienten así.

Para ellas, el sexo representa una diferencia importante entre amistad, convivencia y relación de pareja.

Si vuestra sexualidad ha desaparecido y una persona la considera una parte esencial del vínculo, decir “el sexo no es tan importante” probablemente no ayudará.

Del mismo modo, tampoco ayuda decir a quien tiene menos deseo “si somos pareja tienes que hacerlo”.

La cuestión es encontrar qué significa la sexualidad para cada uno y comprobar si existe una forma de relación que pueda ser suficientemente satisfactoria para ambos.

No todo el sexo tiene que terminar en penetración

Otro problema habitual es tener una definición excesivamente estrecha de “mantener relaciones”.

Si sexo significa siempre excitación inmediata, penetración y orgasmo, puede resultar difícil recuperar la intimidad cuando llevamos mucho tiempo desconectados.

La sexualidad puede incluir:

  • Besos
  • Caricias
  • Masturbación compartida
  • Masajes
  • Juegos
  • Fantasías
  • Estimulación oral
  • Contacto erótico
  • Exploración

Para algunas parejas ampliar el repertorio reduce considerablemente la presión.

No todos los encuentros necesitan cumplir el mismo guion.

¿Es buena idea programar el sexo?

Depende de qué signifique programarlo.

Si significa “el sábado a las 22:00 tenemos que mantener relaciones sí o sí”, puede aumentar la presión.

Pero reservar tiempo para la intimidad puede ser diferente.

Por ejemplo, podéis decidir cenar juntos, dejar los móviles y tener un rato solo para vosotros sin obligación de acabar teniendo sexo.

En relaciones con trabajo, hijos y responsabilidades, esperar siempre a que aparezca espontáneamente el momento perfecto puede significar que nunca llegue.

La planificación no tiene por qué eliminar el deseo. Puede crear las condiciones para que exista espacio para él.

¿Hay que intentar aumentar el deseo de la persona que quiere menos sexo?

No necesariamente.

Esta es una idea importante.

Cuando existe una discrepancia sexual, tendemos a identificar automáticamente a la persona con menos deseo como “la que tiene el problema”.

Pero la diferencia pertenece a la relación.

Un miembro quiere más. El otro quiere menos.

El objetivo no debería ser necesariamente convertir al segundo en una persona que desea tanto sexo como el primero.

Lo importante es entender qué necesita cada uno, cómo se está gestionando la diferencia y si existe una forma de relación que ambos puedan vivir satisfactoriamente.

¿Qué podemos hacer si llevamos mucho tiempo sin sexo?

El primer objetivo no debería ser recuperar inmediatamente una determinada frecuencia.

Antes conviene comprender qué os ha llevado hasta aquí.

Hablad de cómo lo vive cada uno

Intentad evitar acusaciones.

En lugar de decir “ya nunca quieres sexo”, puede ser más útil expresar algo como “echo de menos sentir intimidad contigo y quiero entender cómo estás viviendo tú nuestra sexualidad”.

Eliminad la idea de que todo contacto debe terminar en sexo

Volver a tocarse sin expectativa puede ser muy importante cuando se ha creado un patrón de presión y evitación.

Revisad si el sexo que teníais era realmente satisfactorio para ambos

No preguntéis únicamente “¿por qué dejamos de hacerlo?”.

También conviene preguntarse cómo era aquello que hemos dejado de hacer.

Identificad los frenos

Pueden ser estrés, cansancio, dolor, conflictos, miedo, rutina, inseguridad, presión o falta de privacidad.

Quizá el trabajo no consiste en “aumentar el deseo”, sino en reducir aquello que lo está bloqueando.

¿Cuándo deberíamos acudir a terapia sexual o de pareja?

No es necesario esperar a que hayan pasado años para acudir a alguno de los mejores sexólogos de Madrid.

Puede ser útil cuando:

  • Lleváis meses sin relaciones y os preocupa
  • Existe una gran diferencia de deseo
  • Uno se siente constantemente rechazado
  • El otro se siente constantemente presionado
  • Tenéis relaciones por obligación
  • Existen dificultades sexuales
  • Habéis perdido también la intimidad afectiva
  • No conseguís hablar del tema sin discutir
  • Queréis recuperar vuestra vida sexual pero no sabéis cómo
Marta IBÁÑEZ
Psicóloga especializada en terapia sexual y de pareja
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La terapia sexual no consiste en mandar ejercicios para que una pareja tenga más relaciones.

El trabajo suele empezar por comprender qué significa el sexo para cada miembro, qué factores están influyendo en el deseo y qué dinámica se ha creado entre ambos.

En mi consulta de psicología, sexología y terapia de pareja trabajo con parejas que llegan precisamente con esta pregunta: “¿Es normal que ya no tengamos sexo?”

Muchas veces la respuesta es que lo importante no es decidir si vuestra frecuencia es normal.

Lo importante es saber si la relación sexual que tenéis, o que no tenéis, os resulta satisfactoria a los dos.

Si ambos estáis bien, no hay una cifra que tengáis que alcanzar.

Si uno o los dos estáis sufriendo, entonces merece la pena entender qué está ocurriendo antes de que el rechazo, la presión o la distancia terminen ocupando todavía más espacio dentro de la relación.

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